En años recientes se creó el SISTEMA NACIONAL DE TEATRO JUVENIL Y ESTUDIANTIL "CÉSAR RENGIFO", con la finalidad de dar cabida al teatro en todas las instituciones educativas dependientes del Ministerio del Poder Popular para la Educación, en la República Bolivariana de Venezuela. La iniciativa, si bien plausible, por consistir en una apertura de las puertas institucionales a la práctica teatral, hasta la presente fecha no ha alcanzado los niveles esperados en la construcción de lo que pudo ser un ensayo para la generación de espacios recreativos y de aprendizaje en, por y para la vida, desde el trabajo creador.
En ese sentido, parece no haberse abordado la práctica teatral mas que con la visión del "Acto Cultural" que se manejaba anteriormente. Esto debido, en gran parte, a la poca o casi nula preparación que tienen los docentes a los cuales se encarga la función de Artes Escénicas en la especialidad de Teatro en la mayoría de las instituciones educativas. Ello, pese al esfuerzo del Estado y a la presencia, en el mercado laboral de una ingente masa de hombres y mujeres con una elevada calificación, egresados de las diferentes escuelas de teatro y de la Universidad Nacional de las Artes (UNEARTE) pero, al parecer, no han encontrado cabida (al menos no todos, ni los suficientes para impulsar un movimiento teatral estudiantil como el que preconiza el rimbombante nombre con que se creó este proceso) en el sistema educativo.
Las consecuencias de esta falencia tan pronunciada pueden ser catastróficas: el resultado de una puesta en escena mal realizada es la desvalorización del teatro en la opinion de los espectadores; por efecto de tal circunstancia, el trabajo profesional de la actuación y del teatro en su totalidad, termina siendo visto como un elemento "de segunda" en la vida de los ciudadanos y, a la postre, indigno de ser realizado, por no ofrecer calidad en sus resultados, ni constituirse en un medio para aprender cosas de utilidad para la vida en sociedad.
Es necesario pues, revertir esa matriz de opinión que coloca al teatro en el rango de los instrumentos que permiten la promoción de la vagancia y los vicios y, para efectuar tal rescate, la escuela debe proveer el tiempo y el espacio para que se puedan realizar coordinaciones interdisciplinarias dentro de la institución, a los fines de producir espectáculos de calidad,bien llevados, con buen gusto, bien producidos y mejor dirigidos.
Es claro que ello requerirá de un proceso de formación de formadores, con la finalidad de que estos asuman con certeza la producción teatral, desde la óptica de un recurso estratégico para:
- Superar las insuficiencias lectoescritoras de sus estudiantes.
- Poner en práctica esfuerzos coordinados para conectar la educación con actividades y labores que permitan la inserción laboral de los estudiantes: corte y confección, maquillaje, escenografía, utilería, carpintería, herrería, electricidad, decoración de interiores, publicidad y manejo de medios y relaciones públicas y todas las actividades inherentes a una producción teatral bien llevada.
- Rediseñar el Proyecto Educativo Integral Comunitario hacia la formación de hombres y mujeres con habilidades y destrezas para incorporarse a la vida productiva en sociedad, garantizando el mejoramiento integral de su calidad de vida.
En ese orden de ideas, este proceso también lleva implícito un reto: repensar la educación para dejar de estar formando mano de obra calificada para que vaya por ahí, deambulando con un dossier bajo el brazo, mendigando un puesto de empleo y formar hombres y mujeres independientes, emprendedores(as), capaces de convertir sus sueños en proyectos viables, factibles y económicamente rentables, empinándose sobre las dificultades y generando sinergia, desde una óptica creativa, innovadora, totalmente exitosa, que permita a otros contar con un puesto de trabajo y a su comunidad toda con bienestar y riqueza compartidas.
En una próxima entrega, discutiremos una propuesta al respecto.
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