Saturday, February 27, 2016

EL TEATRO MAL TRATADO

Un cordial saludo, queridos lectores; esta semana quise escribir, de manera humilde y sin pretensiones de erudición ninguna, sobre mi experiencia en el campo del teatro Juvenil y Estudiantil "César Rengifo". Quiero acotar, en primer lugar que, a mi juicio, esta es -sin lugar a dudas - la mejor iniciativa de aproximación de la escuela y el teatro que se ha tenido en años. No la única, por cierto, porque buena parte de mi carrera teatral tiene su origen en el teatro liceista que, como ya les conté en una nota anterior, contó con la presencia de gente de teatro de la talla de Haydee Colmenares, Germán Mejías (El Corroncho), Edgar Mejías, Cruz Hernández, Carlos Sánchez y muchísimos más, incluyendo a José Simón Escalona, Mariela Romero y otros grandes maestros que aportaron todo su amor y todo su esfuerzo para que hiciéramos el mejor teatro de los años  70 y 80 del Siglo pasado. Los liceos era el gran escenario y se veían grandes montajes, extraordinarias producciones, realizadas - necesario es resaltarlo  - con el esfuerzo de los propios estudiantes: rifas, verbenas, bonos y cualquiera otra estrategia; pero los "chamos" eran protagonistas de su trabajo creativo y se encargaban de la producción: pintaban, hacían las escenografías, aprendían a maquillarse, a ponerse prótesis, transformaban su ropa en los vestuarios de la obra, recogían muebles, lámparas y cualquier otra cosa necesaria para los montajes. Amábamos y odiábamos a nuestros directores: nos estimulaban, pero nos exigían al máximo. Con ellos aprendimos a respirar, a movernos en escena, a pensar como actores a usar nuestra imaginación creadora y hacer "experiencia de realidades" (ahora la llaman "Investigación/acción/participativa", pero es la misma vaina) y, todo esto, ¡fuera del horario de clase!, porque también había que cumplir los deberes estudiantiles. Nadie protestaba por eso: dos o tres veces por semana, acudíamos al ensayo, y cada dos meses teníamos una nueva producción; girábamos por todos los liceos, íbamos a presentarnos en todas las canchas deportivas que había en la zona... ¡sin cobrar un centavo!. Eran los tiempos de la efervescencia política y el teatro popular, la gente militaba con la idea de hacer la revolución desde el escenario. Cesar Rengifo no era una moda... ¡era un privilegio montarlo, un honor que el maestro nos concedía de poder poner en escena uno de sus trabajos! Aquiles Nazoa no era un recuerdo, sino una presencia inmarcesible que todo lo llenaba con los saltos y retruécanos de sus personajes. "Rajatabla" era la medida del teatro de excelencia, de la más pura y elevada ficción hecha realidad desde la escena. Muchos los odiaban, muchos los amaban, pero su trabajo era respetable, así: sin más. Yo, aparte de hacer teatro de liceo, era militante del Taller Andante Los Negros No hacen Silencio y Enrique Lafontaine era mi gurú, mi ídolo  y maestro. "¡Actuar es entregar el alma, es dar la vida, es un acto crístico: se entrega la propia vida para que los demás puedan vivir! ¿Acaso dije yo que esto fuera un sitio de entrenamiento físico? ¡Aquí se entrena el alma para el acto de amor más grande que se puede realizar: el espectáculo teatral. Cópula sagrada entre el alma del actor y la del espectador!" Nosotros, vivíamos para la escena. A lo mejor no "de la escena" pero aprendimos a desarrollar nuestras aptitudes para conseguir el pan díario: de allí, en compañía de mi hermano y compañero de batallas por más de 10 años, Eduardo Ponce, surgieron "Tropezón y  Confetti" dos payasos que hicieron las delicias de grandes y chicos por todo Caracas, a un precio solidario OCHOCIENTOS BOLÍVARES DOS HORAS, DOS PAYASOS. era el lema. Y funcionaba: cada semana teníamos, al menos, dos funciones, con lo cual podía Eduardo llevar comida a la casa y yo, llevar algo, bueno, lo que me quedaba después de rumbear como loco.Pero fue una época de teatro estudiantil que movilizó las masas, porque nuestro trabajo llegaba a todos los rincones de la patria. A veces, por cuenta propia, a veces, como en el caso del grupo de teatro "ADREIM"  que dirigía Germán Mejías y con el cual Eduardo Ponce, Jorge Rivilla y este servidor pusimos en escena "Erase Una Vez un Rey", texto del grupo El Aleph, vinculábamos con instituciones, como Prevención del Delito y hasta la propia Marina de Guerra de Venezuela. Por eso, hoy, cuando se promueve el teatro estudiantil yo, que vengo de allí,no puedo menos que hacer reverencias y agradecer que esto esté ocurriendo.
Sin embargo, no puedo pasar por alto  algunos detalles:
1) Los textos de César Rengifo no están escritos en clave infantil. NO SON PARA NIÑOS, por lo tanto, es una barbarie pedirles que los interpreten en las escuelas.
2) El contenido de los trabajos de Rengifo, guarda una relación tan orgánica internamente en cada obra que no es plausible resumirlas, como se pide a los docentes a  quienes se les dan QUINCE MINUTOS  para representar en el marco de una muestra estudiantil. Con lo cual, se obliga a los docentes a mutilar las obras para cumplir con los requisitos que se les imponen. Eso hace que nunca la obra sea comprendida por los participantes y menos aún disfrutada como debe ser por los espectadores.
3) Aunque esto no fue obstáculo para que muchos docentes se prestaran en el pasado para realizar esta actividad, siempre ES PREFERIBLE que quienes dirijan estos espectáculos SEAN GENTE DE TEATRO,  de lo contrario, el resultado que se obtiene es el que tenemos hoy: se le ha hecho un servicio tan flaco al teatro, que la gente ha llegado a pensar que teatro es eso que están haciendo en las escuelas: unos fragmentos descontextualizados, mal montados y peor interpretados.
Por lo tanto, me permito recomendar:
1) Que la realización de trabajos sobre CESAR RENGIFO, se deje ESTRICTAMENTE PARA LOS LICEOS, que ya resulta bastante difícil interpretarlos con ellos, pero es más viable. Y pongo solamente un ejemplo: "María Rosario Nava" es una Cantata Poética del maestro cuya peripecia descansa en una mujer mayor de  40 años; si le toca representarlo a una niña de  16 años: ¿Qué recurso utilizar para que ella pueda interpretar el sentimiento de dolor frente a su hijo herido? No se puede acudir a la memoria emotiva, porque ella - seguramente  - no ha parido, no puede reflejar el dolor desde "las entrañas" como es necesario que lo haga; entonces, debes acudir a la imaginación creadora "¿Cómo harías tú, si fueras....?" y eso toma mucho más trabajo.
2) Que si se quiere hacer teatro con niños y para niños SE HAGA DRAMATURGIA PARA NIÑOS, que ya bastante hay en Venezuela y de muy buena calidad, por cierto. Pero nada de resúmenes o "versiones" de Rengifo para niños ESO NO EXISTE.
3) Que si se quiere insistir en TEATRO ESTUDIANTIL LICEÍSTA O UNIVERSITARIO, pues que se trabaje con RENGIFO y también se de pie para montar otros AUTORES, pero que se realice con montajes de OBRAS COMPLETAS, nada de fragmentos, versiones "libres" o cualquiera otra forma de mutilación.
4)  Que los DOCENTES EN FUNCIÓN DE ARTES ESCÉNICAS ya sea DANZA o TEATRO, tengan eso como DEDICACIÓN EXCLUSIVA y para GRUPOS ESTABLES y la formación previa la reciban a través de los maestros de aula, como experiencias teatrales. sketches, juegos teatrales, improvisaciones, etc.
5) Que los CERTÁMENES TEATRALES se realicen como jornadas: con una o dos semanas de duración, para que todas las obras sean vistas y juzgadas por el colectivo estudiantil.
6) Que se realice todos los años un FESTIVAL DE TEATRO JUVENIL Y ESTUDIANTIL,cuyo premio sea la dotación, mejoras, construcción o ampliación de la SALA DE TEATRO de la institución ganadora o, en su defecto, cualquier otra necesidad de su liceo.DEBE PREMIARSE LA EXCELENCIA, ese debe ser un baremo nacional, si no hay excelencia, se exalta la mediocridad y se promociona la miseria.
Todo eso, para que el teatro deje de ser Mal Tratado en las escuelas, liceos y universidades. Por último, debemos acostumbrar a todo el colectivo: Directivos, Docentes, Administrativos, Obreros, Estudiantes, Padres, Representantes y comunidad QUE PARA VER TEATRO HAY QUE PAGAR, QUE EL TEATRO ES UN OFICIO Y QUIENES LO REALIZAN TIENEN DERECHO A VIVIR DE ÉL DIGNAMENTE.  Por eso, tanto en la institución como en los certámenes, ES NECESARIO COBRAR UNA ENTRADA, algo simbólico, algo pequeño, casi insignificante, pero tangible. Porque si no, surge la otra pregunta: ¿Quién se va a encargar de mantener los equipos, dar los materiales, cubrir los costos de traslados, propaganda, escenografía, vestuario, maquillaje, sonido y otros, que implica cada montaje? Una vez que el Estado ha realizado una inversión masiva en construcción y dotación de salas de teatro, ¿con qué se van a mantener estas infraestructuras? ¿Vamos a seguir realizando nuestras actividades de forma adventicia y parasitaria, o algún día seremos autogestionarios)  Lo dejo para la reflexión.

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