Monday, October 12, 2015

LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE

LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE
M.P.[1] José de Jesús Pernía Rivero
Email: montesteatral@gmail.com

RESUMEN
En virtud de haber sido invitado, como Maestro Pueblo, a compartir sus conocimientos con profesionales de la educación y con la finalidad de hacer una contribución en el proceso de desarrollo de los grupos de teatro estables en las instituciones educativas que componen el Municipio Escolar Nº 12, en jurisdicción de Cumanacoa, Municipio Montes del Estado Sucre[2], se realizó una investigación de tipo bibliográfico, que aborda la experiencia personal del autor, cuyas observaciones y praxis, que data de cuarenta años de experiencia, fueron apoyadas en algunos de los más relevantes artículos presentes en la web, a objeto de facilitar información veraz y útil a los destinatarios. Los resultados de la indagación permitieron iniciar a los docentes que se encuentran en función de Artes Escénicas en dichos centros educativos en los pininos que les conducirán a la conformación de grupos estables de teatro en sus instituciones, hecho este que obedece a un instructivo Presidencial, al cual  se pretende dar cumplimiento  a través del sistema de talleres que se encuentran en pleno proceso de ejecución al momento de culminar este escrito, mediante la incorporación de Maestros Pueblo a las aulas, como acompañantes pedagógicos de los docentes, estudiantes, padres y representantes y personal en general convocados a tales efectos.  Al comprender que es imposible abarcar tan delicado tema en las escuetas cuartillas que componen este artículo, se deja abierta la posibilidad para que los lectores puedan acrecentar los conocimientos aquí consignados, de lo cual se manifiesta agradecido el autor por adelantado.
DESCRIPTORES: Actor, Análisis. Personaje, Psicología, Teatro,

INTRODUCCIÓN
Uno de los problemas fundamentales del teatro, es la construcción del personaje. Es una inquietud que abarca a actores, directores, puestistas y, por supuesto, dramaturgos. ¿Cómo darle forma a una cosa tan etérea como un pensamiento? ¿Cómo posibilitar la concreción física de una idea? Pues esto es el personaje al principio: solamente una idea. Pero una tan fuerte y tan determinante que no deja de molestar a quienes hacen vida en el teatro, hasta que se encuentra totalmente la imaginación se concretiza y empieza a moverse en forma independiente, convertida en un ser que camina, habla, piensa, lucha, sufre…,todo por sí mismo, como si nunca hubiera pertenecido a su autor.
Este breve ensayo no pretende abarcar todas las facetas de la construcción del personaje; incluso, es posible que muchas de las formas de abordaje de ese tan delicado trabajo no hayan sido tocadas aquí. En todo caso, lo que se pretende en aproximarse un poco a la labor artesanal del actor, que requiere tiempo, dedicación, esfuerzo, concentración y mucho sacrificio. Y, particularmente, hacer una humilde  contribución a elucidar el camino para aquellos que se inician en este periplo que, seguramente, habrá de conducirlos a inmensas satisfacciones y un gran crecimiento personal.
LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE
Cuando se escribe una obra de teatro, se sigue una idea, que primero fue solo eso: un pensamiento, un chispazo en la mente del autor, luego, fue un plan preconcebido trazado cuidadosamente, hasta convertirse en un esquema estructurado de acciones, sentimientos, pensamientos, reacciones y, por último, palabras: textos teatrales que explican o contradicen la acción que el personaje realiza. Elocuciones que se usan para esconder lo que realmente se piensa o que, por el contrario, en medio de la ira, el dolor, la frustración u otros sentimientos, afloran a borbotones, denunciando el alma del personaje. Para llegar a ello, se ha pasado por un largo periplo, al cual muchos autores se  refieren como  “el proceso de la construcción) de la obra teatral”.
 A este respecto (Galán Fajardo, 2009), cuando define las etapas que acompañan el método creativo sugiere que (…) en la base de todo método de construcción narrativa encontramos tres elementos fundamentales: el personaje, la acción y el conflicto, que se entrelazan dando lugar a la estructura dramática. (…), de donde deviene que el teatro es un delicado sistema de producción de sensaciones, emociones, pensamientos y percepciones de todo tipo que se encuentra soportado sobre una tríada de fuerza: lo que quiere el personaje, lo que hace para conseguirlo y lo que se opone a su búsqueda.
Es así como para los griegos el recorrido que realizaba el personaje, desde que se propone su proyecto de vida y trata de alcanzar sus objetivos, el conocido como “peripepsia” (peripecia), nombrado así por lo accidentado de su viaje; luego, estaría el proceso de “anagnórisis”, que no es otra cosa que el reconocimiento de la inasibilidad de la vida, tal como la presenta Pirandello (Velloso, 1968) en todos sus trabajos creativos; la imposibilidad de superar las fuerzas que se le oponen, por ser superiores a él.
 El personaje se resiste, lucha, se enfrenta, desgarra sus vestiduras y deja rodar por sus mejillas las amargas lágrimas de la derrota, pero no se rinde. Y toda esta lucha en contra del Hado o los Dioses, o la Fortuna, o el Destino, se convierte en una avasallante realidad que destroza al héroe trágico, rompiéndole en pedazos sus ilusiones y despertándolo de su sueño, al mejor estilo en que el Segismundo Calderoniano (Lopez Nieves, 2015), tiene que exclamar” “…la vida es sueño, y los sueños, sueños son…”
Entonces, ¿qué son estos personajes que escenifican la trama de una obra teatral? ¿De dónde vienen? ¿Qué hacen en escena? Para responder a estas interrogantes, podría acudirse a  los estructuralistas (Galán Fajardo, 2009) quienes señalan que…

…los personajes son producto de las tramas y que su estatus es “funcional”; que son, en suma, participantes o actantes y no personajes, que es erróneo considerarlos como seres reales. La teoría narrativa, dicen, debe evitar las esencias psicológicas, los aspectos del personaje sólo pueden ser “funciones”. En definitiva, sólo quieren analizar lo que los personajes hacen en una historia, no lo que son. Es decir, “son” en relación a una medida moral o psicológica externa… (p.1)
Pero, a pesar de los estructural-funcionalistas (y he aquí una de las características del teatro: responde permanentemente a los movimientos filosóficos de su época, ya para criticarlos, ya para ensalzarlos, pero los refleja) puede verse cómo el naturalismo invadió la escena de manera permanente y decidida de la mano de Todorov y otros. Puesto que, según Todorov  (Galán Fajardo, 2009),
El término personaje abarca (…), el ámbito particular del personaje naturalista, cuya manifestación más completa la podemos encontrar en el moderno drama psicológico. Este personaje, definido en el ámbito de la sociología, poseedor de una identidad psicológica y moral similar a la de los hombres, es un efecto de persona y, como tal, se trabaja en su construcción con variables idénticamente "realistas". (p.1)

Es necesario reconocer que esta visión es la que ha permanecido hasta el presente y la representación, ya sea teatral o para los medios audiovisuales ha constituido un discurso naturalista desde el cual la actuación debe reflejar el carácter de personas reales, no fingidas. Mientras más cercana está de la realidad la actuación, mayor es el reconocimiento del actor.
Para la escuela antigua (y nueva) de la actuación, Konstantin Stanislavsky fue el mentor fundamental del proceso de construcción del personaje. Sostenía este hábil director de actores que si una persona no podía transmitir físicamente lo que su personaje tenía que representar en escena era, porque no se habían… establecido los valores internos adecuados… (Perea, 2005, pág. 14)
Y es que, en todo caso: ¿Cuáles son estos “valores internos adecuados” que reclama el maestro? En realidad no es nada simple: implica, en primer lugar, asumir al personaje como una persona de la vida real y, por lo tanto un individuo con
a)    Un contenido psicológico
b)    Una extracción social
c)    Unas características físicas particulares
d)    Unas relaciones sociales y económicas propias.

Características estas que no surgen solas: son producto de la investigación; que, según Stanislavsky (Perea, 2005) tienen su mayor contenido

…en la experiencia personal de la vida, o de la experiencia de sus amigos, \de la observación de retratos, grabados, dibujos, libros, i cuentos, novelas, o de un simple incidente... La fuente no tiene importancia. La única condición es que, mientras esté haciendo esta investigación externa no pierda su identidad personal.- (p.19)

Al analizar lo arriba descrito por el maestro de la escena, es posible comprender, de un solo golpe de vista, dos cosas: que quienes quieren que el actor se pierda en insondables caminos, guiado solamente por su intuición y sus sentimientos… ¡jamás comprendió el método de Stanislavsky! Obsérvese bien lo que señala el maestro: mirar en el exterior, aprender de lo que se ve… ¡pero no perder la originalidad, no desaparecer, no borrar la propia identidad! El actor, para construir su personaje, podrá acudir a lo que ve en su entorno, incorporar cosas que las personas hacen, manías, tics, cualesquiera otras señas particulares de seres de la vida real, o arrancadas de libros y narraciones, pero tiene que hacerlo a partir de una labor consciente, metódica, racional, no visceral.
Véase cómo, sin siquiera proponérnoslo, hemos arribado a la primera pista de cómo construir un personaje: observando a nuestro alrededor, recopilando imágenes de comportamientos, reacciones, manías, tics, deformaciones, gestos, rituales, que luego pueden convertirse en material para  dar forma a un personaje particular. Vemos también, cómo todo este proceso debe ser metódico y racional, sin ser mecánico ni exento de sentimientos. En todo momento, conservando la autenticidad, la identidad del actor.
¡MANTÉNGASE ATENTO A SU ALREDEDOR; SOLO ASÍ PODRÁ CONSTRUIR UN PERSONAJE VERAZ!
Aquí conviene recordar otra cosa: lo más importante que tiene usted que observar, es a usted mismo. No deje de estar pendiente de cómo usa sus manos, de cuál es la postura de su cuerpo, dónde se localizan las tensiones, en qué posición se encuentra más a gusto y cuál es la más incómoda. Manténgase alerta ante los tonos y matices de su voz: puede no estar utilizando su aparato fonador acorde con las necesidades del personaje,

En resumen, déjeme decirle que construir un personaje es una labor que no comienza en el escenario. Algunos actores prefieren dejar eso al libre albedrío de su imaginación y a la inspiración, para que los guíen durante su actuación. Pero, como bien sabemos, la inspiración es traicionera: unas veces puede guiarnos por el camino del éxito, otras hacia un rotundo fracaso. ¿Cómo evitar que nuestro fuero interno se convierta en nuestro peor enemigo en el escenario? Construyendo un personaje sólido, de esos que hacen experimentar sensaciones conmovedoras al público, tal como Shakespeare (Fernandez de Moratin, 1969) expresa al final del Acto Segundo de “Hamlet”:
(…) Yo he oído que tal vez asistiendo a una representación hombres muy culpables han sido heridos en el alma con tal violencia por la ilusión del teatro [3], que a vista de todos han publicado sus delitos;…(p. 76)
Cómo puede verse, la conmoción que se espera crear desde el escenario no es nueva. Ya los actores griegos utilizaban coturnos (zapatones elevados) y onkos (máscaras con la boca abovedada) para aumentar su estatura y otorgar mayor potencia y profundidad a su voz. Hoy también se pide al actor que sea capaz de remover las vísceras de su público. Hacer que salga transformado de la sala. Aunque ya, con solamente entrar, se está produciendo una metamorfosis en la persona: su contacto con el arte, especialmente con el teatro no le permite salir inmaculado.
Pero, haría falta un trabajo actoral tan convincente que pudiera como lo pide el maestro Antonin Artaud (Librodot.com, 2011), convertirse en instrumento de transformación social porque lo que se propone es…el teatro utilizado en un sentido superior y que sea el más difícil posible puede influir sobre el aspecto y la formación de las cosas;… (p. 1),  desde donde es posible proyectarse, con el maestro, hacia un mundo en el cual el teatro, abandonando toda complacencia, se convierte en un ariete que va a derribar las convenciones y atacar ferozmente toda vacuedad; el teatro, visto así, es un arma subversiva, una irrupción anarquizante dentro de la vida de los seres humanos.
Pero, cabe preguntarse ¿es que el teatro puede ser de otra forma? O, ¿Cuándo el teatro asume otra forma, no deja de ser teatro? Humildemente me atrevo a decir que sí: que cuando el artista teatral renuncia a ser la voz disidente, cuando apoltronado  y autosatisfecho, se resigna a decir lo que es agradable al oído de sus mecenas, el actor se convierte en bufón de la corte y el dramaturgo en amanuense de la corona. El teatro, para serlo, necesita tirarle una trompetilla a la sociedad en la que vive, vestirse de irreverencia y armarse de sarcasmo, tomar por asalto Las Bastillas que han construido los señores de la gleba y derribar todos los íconos. Debe ser revolucionario, pero en el sentido completo y feliz de la palabra: aquel que no soporta la injusticia, venga esta de donde venga, y es capaz de reírse, principalmente, de sí mismo, para burlarse luego de la sociedad.
Entonces, los personajes de un teatro tal como ese al cual nos asomamos arriba, tienen que ser conflictuados, volátiles, en proceso de formación, casi inasibles, próximos a lo fantasmagórico, profundamente reflexivos, tremendamente cargados de los dolores de parto de la nueva sociedad, que pugna por abrirse paso entre las carnes de esta carcasa agotada y yerta, que se aferra con uñas y dientes a los últimos días que le quedan. Son personajes trágicos, aunque su dolor nos haga reír, son seres dislocados, aunque sus textos resuenen con la lógica de este y de otros tiempos, son detritus de la historia, que se encuentra en plena construcción. Nada está completo, todo se encuentra inacabado. ¿Por qué entonces los personajes tienen que entregarse al público como caracteres fijos, estáticos, inmutables, petrificados en el tiempo?
Es necesario que mostremos no los personajes que son, sino los entes que están siendo; así: conjugados en presente continuo, en gerundio, porque eso es la vida: un eterno gerundio que se actualiza cada segundo. Un estar siendo con el cual no hay negociación alguna; la vida está pasando frente a nuestros ojos y tenemos la opción de ser espectadores o actores de excepción: Es posible que tomemos eso sí, una decisión: o quedarnos impávidos y dejar que las cosas sean por su cuenta, o pasar a la acción y ser nosotros los provocadores de los cambios. Y esos, más o menos, o menos que más, son los personajes que construyen la trama teatral: unos, que dejan “laisess faire, laisess passé”   y otros que se involucran, que asumen tareas y aceptan desafíos. Los unos serán arrastrados por los otros y las resistencias que los últimos ofrezcan a ese arrastre, serán el conflicto con el cual tendrán que pasar los personajes.
Y, hela aquí, que ya nos topamos con otra característica de los personajes: cada uno está ubicado en uno de los dos bandos: agónicos (los que persiguen una idea, tienen un fin, desean algo visceralmente) y antagónicos (los que ofrecen distintos tipos de resistencia: desde la pasividad del no hacer, hasta la presión, la manipulación, la conspiración y el asesinato). Pero, entonces, tendremos también la naturaleza del conflicto que se origina en el fuero interno del personaje, debido a su formación, su información y sus creencias; mismas que tienen su contrapartida en los demás personajes y que, irremediablemente, conducen al enfrentamiento entre los dos mundos que veía Nietzche (Nietzche, s.f.) cuando escribe “El Nacimiento de la Tragedia”.
Entonces, tenemos otra triada que construir: la del enfrentamiento de las voliciones  entre los personajes. Es necesario que esta tensión dramática se de para que ocurra el desenlace, la presión catártica que está destinada a impactar en el público, a motorizar los cambios actitudinales, a iniciar el proceso reflexivo que producirá el cambio, la metamorfosis social. Por lo menos, eso es lo que nos planteamos. Pero, como quiera que sea, esta tríada debe presenciarse sobre el escenario, para que ocurra la producción estética, para que el espectáculo tenga lugar y para que las situaciones se perciban como parte de una realidad particular: la hiperrealidad escénica, que no siempre coincide con la realidad que viven los espectadores. Si tal fuera el caso, el teatro se estaría resignando a ser una mera fotografía de la vida.
En el proceso de planteamiento de la pugna por las voliciones  que mueven a los personajes, los espectadores toman partido, establecen una relación de empatía con alguno(s) de ellos y, entonces, según avanza la trama, se dejan arrastrar a la situación mágica que crea el drama teatral y, entonces sucede la catarsis. En la antigüedad (Aristóteles, s.f.), se pedía que las tragedias despertaran compasión y terror en el espectador; debían moverlo, obligarlo a cambiar de conducta o rechazar algunas de las que veía en escena. Esto se fue perdiendo. Conforme las sociedades avanzaban y se tecnificaban, en la misma medida que las religiones fueron derivando hacia el cristianismo, se instauró en la escena una mediocridad emocional que buscaba solamente conmover y ya la catarsis que se perseguía era más bien intelectual, contenida, muy interna, coincidente con el autodominio británico y la elegancia francesa.
Con el acceso de la aristocracia y, posteriormente la burguesía, al poder, los gritos y los ataques de histeria en el teatro, quedaron reservados para el vulgo, para esa gente que asistía de pie a las funciones en el “gallinero” como quedó en llamarse el espacio libre de butacas donde podía presenciar el pueblo los espectáculos, alejados de los palcos de los señores. Solamente Antonin Artaud y, posteriormente Jerzy Grotowsky, reclamaron para el actor – y para la escena – la anarquía visceral, la iconoclastia necesarias para derribar las inmensas murallas que separan al público de sus sentimientos; petrificando el teatro, anquilosando la escena, acartonando a los actores y convirtiéndolos en meros “artistas de la representación” como los llamaba Stanislawsky. Solo que Grotowsky va más allá y reclama en el actor cierta santidad, una entrega monacal a su labor, una experimentación permanente con su cuerpo, con su alma, conducente a la construcción de personajes vivos, extremadamente vivos, descarnadamente vivos, ausentes de los artificios de la escena.
CONCLUSIÓN
Si el teatro es, como dice Grotowsky (Grotowsky, 2010)… lo que sucede entre el actor y su público… entonces es responsabilidad del primero construir personajes que, verdaderamente, se parezcan al segundo; no es posible que se siga haciendo un teatro exterior, basado solamente en el divertimento, sin que pase nada por dentro del actor, ni mucho menos en el alma del espectador. La época, el momento, reclama de una reflexión axiológica profunda y el artista debe ser uno de los provocadores de la discusión y el debate; si no, su arte es inútil, autocomplacencia, onanismo cultural. Conviene que al construir los personajes que se van a llevar a escena, se haga – primero- una revisión de los propios valores y de la actitud que se tiene ante el compromiso histórico que le toca asumir a cada artista en su época.

Bibliografía

Aristóteles. (s.f.). Poética. Recuperado el 13 de 10 de 2015, de ugr.prensa: http://www.ugr.es/~zink/pensa/Aristoteles.Poetica.pdf
Fernandez de Moratin, L. (1969). HAMLET de William Shakespeare. Madrid, España: SALVAT EDITORES. C.A.
Galán Fajardo, E. (2009). FUNDAMENTOS BÁSICOS EN LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE PARA MEDIOS AUDIOVISUALES. Recuperado el 09 de 10 de 2015, de Universidad Carlos III de Madrid, Facultad de Humanidades: http://e-archivo.uc3m.es/bitstream/handle/10016/5554/fundamentos_basicos_personaje.pdf?sequence=1
Grotowsky, J. (2010). Hacia un teatro pobre. Recuperado el 13 de 10 de 2015, de Centro Andaluz de Arte Contemporáneo: http://www.caac.es/docms/txts/grottos_txt01.pdf
Librodot.com. (02 de 2011). EL TEATRO Y SU DOBLE, ANTOINE ARTAUD. Recuperado el 09 de 10 de 2015, de LIBRODOT: http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Artaud_Antonin-El_Teatro_Y_Su_Doble.pdf
Lopez Nieves, L. (2015). LA VIDA ES SUEÑO DE PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA. Recuperado el 07 de 10 de 2015, de Ciudad Seva Digital: http://www.ciudadseva.com/textos/teatro/esp/calderon/la_vida_es_sueno_3.htm
Nietzche, F. (s.f.). El Nacimiento de la Tragedia. Recuperado el 13 de 10 de 2015, de EDU MEC: http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/N/Nietzsche%20-%20Nacimiento%20de%20la%20tragedia,%20El.pdf
Perea, F. J. (2005). Constantin Stanislavsky: La construcción del personaje. Recuperado el 09 de 10 de 2015, de apreciación.cinematográfica.com: http://apreciacion.cinematografica.jlueza.com/creac_person_01-49_caracteriz_formas_tipos.pdf
Velloso, J. M. (1968). Pirandello: Teatro. (S. T.G. Ediciones Castilla, Ed.) Madrid, España: GUADARRAMA.








[1] Maestro Pueblo. Director del Laboratorio Permanente del Formación del Actor y del Grupo de Teatro “César Rengifo”; asesor para docentes en función de teatro (ad litem) a través del Municipio Escolar Nº 12. Cumanacoa, Estado Sucre, Venezuela. Miembro de la Fundación Red Nacional de Teatro y Circo. Inscrito en el Sistema Nacional de Culturas Populares (Nº  809).
[2] Venezuela
[3] Subrayado nuestro

Thursday, October 8, 2015

EL TEXTO TEATRAL. Por: José Pernía


 


Queridos amigos:
E
ste taller, que se llama: Elaboración de Guiones”, en realidad se trata de la estructura del texto teatral. Cuando se habla de “elaboración” me parece que nos estuvieran requiriendo una “receta” de ¿Cómo hacer una obra teatral? Si esa es su intención al asistir a esta sesión de trabajo, lamento decepcionarlos: no existe tal cosa como un esquema o una receta para escribir. Gabriel García Márquez dijo, en su tiempo, “a escribir, se aprende escribiendo”.
En ese mismo orden de ideas, en su prólogo a “La Estructura Dramática”, de Santos (2002) escribe:
Cuando hablamos de “estructura teatral”, tomamos la palabra “teatral” como un término específico y definido de la realidad, como si dijéramos estructura de un avión o estructura de una organización social, pero ¿en qué sentido es el teatro una entidad real? ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de “teatro”? La historia de los estilos, en su relación con los movimientos filosóficos dominantes, ha ido dando diferente valor y significado a la palabra “teatro” dentro de la historia de la cultura, comunicación artística y el espectáculo. (p. 4)
Y no es para menos: la formación basada en la lógica Cartesiana, que ha primado durante tanto tiempo en todo el sistema educativo, preconiza un ser guiado solamente por las cosas tangibles, cuantificables, catalogables y esquematizables. Todo aquello que se aparte de dichas estructuras, es poco o casi nada considerado conocimiento. Se hacen algunas concesiones a la sabiduría popular, pero se pone en duda mucho de lo que ella maneja, al no cumplir los parámetros establecidos por un sistema educativo fundamentado en lo tangible como baremo de realidad.
Ahora bien: ¿Qué es un texto dramático y que lo distingue del resto de la literatura? El texto, como bien lo define –de Santos (2002) es un portal, a través del cual penetramos en los insondables caminos del alma del dramaturgo, del creador; quien, usando todos sus recursos, da vida a personajes, productos de su mundo onírico, pero absolutamente reales en el momento mágico de la representación.
Por eso, es posible entender que el texto teatral es, también, una guía iniciática para comenzar un ritual que, pese a las distancias históricas y culturales, sigue siendo tan ditirámbico como al principio: solamente que Moloch cambió de nombre y los dioses son otros; pero las pasiones y los sentimientos humanos siguen siendo los mismos: avaricia, celos, envidia, rencor, lujuria, deseo, pasión, amor, siguen siendo los motores de la acción humana.
Si ayer Shylock representó toda la avaricia humana reunida en un solo ser humano[1], el amor inconfesado, oculto, tierno y sacrificado está en el Dr. Rank[2], así como mucho antes Calderón mostraba la inasibilidad de la vida, la intangibilidad de aquello que parecíanos firme y seguro, a través de su Segismundo[3].
A riesgo de cansarlos, uso estos ejemplos tan solo para hacerles ver cómo, en cada época, de acuerdo a las posturas epistémicas desde las cuales se ha observado la existencia, el teatro surge como un discurso paralelo que, ora afirma, ora cuestiona profundamente lo establecido, para generar sismas socioculturales que culminan con la desaparición de una formación y se insertan en la otra, pero el teatro sigue adelante, impertérrito, mostrándonos el alma humana tal como está siendo, en ese momento particular.
Entonces, el texto teatral, en alguna – o mejor – en variadas formas, constituye una fotografía del estado societario de la actualidad particular en que irrumpe en el escenario. El texto es, fue – y será – la herramienta que utiliza el artista, el dramaturgo, para socavar las bases de una sociedad que se derrumba y se niega a perecer, aferrándose a los últimos balaustres de la escalera por la cual, irremediablemente, ha de rodar hasta el seol.
Así fue ayer, cuando Esquilo, Sófocles y Eurípides, describieron la debacle axiológica ateniense en clave de tragedia o, más directo y mordaz, en el estilo de Aristófanes, el comediógrafo griego que se atrevió a comparar a los señores del Senado griego con ranas; pero, como quiera que se las vea, las obras de ese período clásico fueron llamados a la búsqueda de los valores y la ética que distinguían al pueblo griego: Edipo de Sófocles (Wikipedia.org, 2015), pone al desnudo el matrimonio endogámico, práctica griega para mantener la sangre real en un solo linaje y, por lo tanto, la corona en una sola familia; Aristófanes fue ampliamente condenado por sus textos, dirigidos principalmente a denunciar la pereza, la desidia y la corrupción del senado griego. No en balde sus producciones se presentaban en invierno, lejos de la mirada de los turistas; contrariamente a lo que pasaba con las tragedias, que se representaban en primavera.
Si a ellos les preocupó eso, a Calderón[4] le inquietaba la suerte del ser humano. Asirse a una realidad que él consideraba intangible, frágil y, por lo tanto, fronteriza con el sueño. Por eso Segismundo[5] exclama en su texto final del Segundo Acto: …¿Qué es la vida? Un frenesí.             ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.… queriendo enfatizar así que la vida es solamente un suspiro: hoy se es  y mañana no. Y, por lo tanto, debemos andar con cuidado, no sea que despertemos en medio de la más horrible y espantosa de las realidades, inmersos en la más horrorosa tragedia.
Y aún más, Calderón (Lopez Nieves, 2015) remata al final del Acto Tercero diciendo a través de Segismundo: …pues así llegué a saber que toda la dicha humana, en fin, pasa como sueño…; de tal manera que todo el discurso es un llamado a no aferrarse a nada, a ser generoso con lo que se viene a la mano y a usar de prudencia para gobernar, en el uso del poder.
Vale la pena preguntar: ¿es que el poeta captó que sus gobernantes vivían en medio de excesos? Y que desbordados en su confianza se dedicaban a disfrutar de los placeres del poder, avasallando, humillando, pisoteando a los demás. ¿Era así la monarquía española del barroco? ¿La aristocracia de su época vivía creyéndose que duraría eternamente? Es posible inclinarse a creer que sí y, angustiado, el poeta los llama a la reflexión a través de su Segismundo.
Entonces, henos aquí ante el primer componente de la obra dramática. Tropezamos con él sin siquiera proponérnoslo; y, como un personaje Pirandelliano, pide su espacio, reclama su escena y exige  que le escriban sus diálogos. En efecto: la piedra angular de todo el proceso de escritura es ese “algo” que molesta al autor, que despierta en el dramaturgo una angustia visceral, que le moviliza.
A este tipo de energías yo me he permitido llamarla “chispa dramática”, es lo que impulsa la escritura, es aquello que se quiere convertir en discurso y pasa días, horas, semanas, dando vueltas en la cabeza del escritor hasta que toma forma y empieza a salir a borbotones, convertido en textos que, a veces, el propio poeta no puede reconocer.
Si ya pues, se tiene esta chispa dramática: ¿qué falta entonces para ponerse a escribir? Puesto que el teatro es un espejo de la realidad humana y, dado que la vida del ser humano transcurre en sociedad, entonces tendríamos que decir, primero, que el teatro es la puesta en escena de las acciones que los seres humanos realizan para lograr un objetivo determinado. De tal manera que el teatro sería, en sí mismo, un encadenamiento de acciones (y reacciones) que conducen hacia un fin determinado por un grupo de personajes, cada uno con un objetivo particular.
Analicemos por un momento lo que acabo de decir, lo cual, por sí solo, suena como una cacofonía: pongamos esto en perspectiva. Una de las obras más conocidas de Shakespeare: “Romeo y Julieta”, refiere la historia de dos jóvenes que, a pesar del enfrentamiento entre las sus dos familias, desean casarse.
Ella, planea, junto a un abate de su confianza, un ardid para fingirse muerta, lo cual va a conseguir mediante una pócima que el fraile sabe preparar. Bebida esta, Julieta adquiere toda la cara de la muerte: pálida, fría y quieta, sin respiración ni latidos aparentes. El plan era hacer que el cura los casara “In artículo Mortis” y, no existiendo posibilidad de que el esposo profanara el cuerpo y tomara la virginidad de la niña (bien de lo más preciado en esa época) pues ninguna de las familias podría oponerse; creado y disuelto el vínculo matrimonial en el mismo instante.
La falla estuvo en que no se le explicó el plan al enamorado y este, al encontrar a su amada sobre el catafalco mortuorio, decide suicidarse a sus pies. Ella, regresando de su profundo sueño, ve al dueño de sus amores agonizante y sangrando y decide suicidarse también.
Como ustedes pueden ver, una obra dividida en un sinfín de actos y escenas, se redujo, en este análisis a unos simples párrafos; pero déjenme decirles que esta sinopsis ha sido el esqueleto sobre el cual se han construido infinidad de cuentos, novelas y producciones cinematográficas. Claro, salpicándolas con otras como “El Conde de Monte Cristo” de Dumas y otros clásicos de esos inolvidables.
A estas alturas, ya estarán preguntándose ¿y de dónde voy a sacar esa chispa divina, creadora, que encienda mi creatividad y me ponga a escribir? La anécdota está allí: frente a sus ojos. En la calle, en la vida diaria, en las cosas que le pasan a nuestros vecinos en tu propia soledad o en la angustia que te recorre la espina dorsal en las noches; pero también está en la prensa, en las noticias, en los chismes de pasillos; es decir, solamente tienes que desplegar “tus antenitas de vinil” como decía el célebre personaje de Bolaños. Estar atentos, como decía Stanislavsky[6].
Por cierto, luego de estar atentos, de capturar la anécdota, de escribirla y convertirla en un pequeño cuento que no pase de una cuartilla, te encuentras solo y perdido en tu habitación, sin saber dónde ir, ni cómo seguir. Es el momento de recordar que el teatro es una cadena de acciones que se cuentan en el escenario y que los textos explican, ocultan o contribuyen a poner de manifiesto los pensamientos de los personajes y nos ayudan a comprender por qué hacen lo que hacen.
Entonces, me atrevo a sugerir, que podemos hacer un esquema con las acciones que realiza el personaje. Quizá comenzando con la última y haciéndonos la pregunta “¿Cómo se llegó a esto?” ó mejor: “¿Qué fue lo que condujo a este final”. Pongamos un caso hipotético: un músico que da clases de día y trabaja de noche en bares y sitios elegantes, regresa una noche a casa más temprano que de costumbre y sorprende a su amada esposa en la cama con su amante. El músico, cegado por la ira, los mata a los dos, culminando sus días en la cárcel.
En la lectura de sentencia, el juez de la causa le dijo: “- Si, en medio de este infame acto usted, cegado por la ira, hubiera disparado un tiro y hubiera matado a su mujer, lo habríamos calificado de locura temporal y saldría en un par de meses, luego de tratamiento psiquiátrico. Pero les disparó todo el cargador de una pistola .45 a quemarropa y eso, amigo, es alevosía, premeditación y ventaja, por eso le aplico la máxima pena”.
Si nos es posible reconstruir mentalmente todas las acciones que condujeron a este final, enumerándolas una por una en forma encadenada y lógica, tendremos entonces el esqueleto de la obra teatral. Ya habíamos encontrado el corazón: la anécdota, la chispa dramática. Ahora tenemos el esqueleto.
A este “esqueleto” los antiguos llamaron “Canovaccio” esto es: la guía para la acción. Y era utilizada por los actores de la Comedia D´llarte, (IES GALILEO.ORG, 2014), para hacer sus improvisaciones las cuales se basaban en una historia que tenía tres secciones: planteamiento, conflicto central y desenlace.
En la primera, se hacía conocer a los personajes y nos enterábamos qué era lo que querían, cuál era el elemento que constituía su volición principal. Pero, es preciso entender de dónde viene el conflicto. Sigamos pues, con el ejemplo del músico que asesina a su esposa.
Su volición era luchar para mantener a su esposa en las mejores condiciones de vida: ropa, calzado, muebles finos, acondicionadores de aire, pequeños lujos, viajes y cuanto capricho se le ocurría. Pero la volición de ella era satisfacer sus fuegos uterinos, sin importarle el esfuerzo de aquel hombre o el amor que le demostraba.
Pero, ¡detengámonos un momento aquí! Creo estar seguro de habernos topado con otro de los elementos básicos del drama: el conflicto: señor de señores de la escena, emperador de la acción, dios de la tragedia.
¿Qué es? ¿De dónde proviene? ¿Cómo surge y se manifiesta? ¿A qué llamamos conflicto dramático? Pues a las fuerzas opuestas que se manifiestan en pugna cuando las voliciones de dos o más personajes se entrecruzan o chocan. Allí se crea un punto de inflexión conocido como conflicto dramático como origen de la tragedia.
A este respecto Nietzche (Rojas, s.f.) ubicó el origen de la tragedia en la oposición entre lo Apolíneo (bueno, hermoso, ordenado, la luz), con lo Dionisíaco (caos, oscuridad, borrachera, infamia), enfrentamiento este que no puede tener sino un final horrendo y doloroso, en lo que parece ser un resurgimiento del pensamiento griego, según el cual la tragedia tenía que provenir Del Etérea, Dolorosa, Sangrienta, esto es devenir de la desobediencia del hombre frente a sus dioses y los castigos que estos le imponen, que deben ser dolorosos y generar efusión de sangre.
Para hacérselos más corto, solamente diré en este ensayo que la tragedia deviene de la pugna entre dos o más seres humanos cuyos intereses se contraponen. La volición se diferencia de la voluntad  de hacer algo en que esta última puede – o no – conducir a la acción, mientras que la primera es una combinación de dos palabras fuertes: vountad/decisión, esto es: disposición para poner en práctica la voluntad, energía transformadora en marcha, un tsunami espiritual que modifica las relaciones.
Entonces, puestas en juego, las distintas voliciones conducen a enfrentamientos escalonados que, llegados al final, pueden culminar con una acción terrible, destructora de vallados, arrasadora de límites, disolvente de uniones, exterminadora. En ese sentido, entonces, es imperativo que busquemos qué es lo que motoriza a cada personaje, cuál es su volición o, como lo describiera Augusto Boal “la gente hace lo que le calienta”.
Bueno, para cerrar esta primera entrega, es necesario dejar algunas reflexiones: el teatro, siempre, desde sus inicios y hasta el presente, ha sido irreverente y ha criticado las formaciones sociales en las cuales le ha tocado vivir. Con la salvedad del Cuatrocento y Cinquecento, épocas de profundo fervor religioso en que el teatro se hizo panfletario: su único tema era la religión y estaba al servicio de los emperadores eclesiásticos quienes, frecuentemente, también ostentaban, junto a la Tiara, la Corona Real.
Por otro lado, el teatro tiene bajo su cuidado ser la voz de los que no tienen voz: los juglares antiguos lo hicieron, los teatreros modernos tienen la obligación de asumirlo. Cerrando ya, solamente depende de tu compromiso particular con el arte y del contenido axiológico que tú le pongas, la calidad del producto estético que vas a realizar. Recuerda: primero está lo estético, lo literario, lo artístico, luego el pensamiento político o ideológico. Si inviertes estos términos, es posible que, también, te salta una buena producción, pero se sentirá plana  en el escenario, por haber perdido la garra  para atrapar al público. Y esa conexión solamente es posible desde sus sentimientos más puros, desde sus  miedos más viscerales, desde su verdad más oculta, mismos que solamente es posible descubrir y poner de relieve si escribes desde el alma; cuando le dejas esta tarea al cerebro, este convierte la escritura en un acto funcional, matemático, fríamente calculado y eso, indefectiblemente, será percibido por el público que, posiblemente, te aceptará, incluso te felicitará, pero pasados los primeros diez minutos de regreso a casa, habrá olvidado tu trabajo.
Escribe y escribe mucho. Escribe sobre los atardeceres de noviazgos, sobre las noches de bohemia, sobre todo aquello que te impresione..Pero sobre todo y por encima de todo, traten de que la anécdota que anima su obra sea en tal modo sencilla, plausible, cercana a las personas que la van a ver; solo así será inolvidable. Es como dice Cortázar (Rojas,  2015)
Piensen en los cuentos que no han podido olvidar y verán que todos ellos tienen la misma característica: son aglutinantes de una realidad infinitamente más vasta que la de su mera anécdota, y por eso han influido en nosotros con una fuerza que no haría sospechar la modestia de su contenido aparente, la brevedad de su texto  
Recuerden que el teatro, pese a todo y a todos es un espacio para la diversión. En efecto, Brecht, en su “Pequeño Organón Para el Teatro” (TEATROFICINA.COM.BR, s.f.) nos incita a ver el teatro como eso
Tratemos o teatro como um recinto de diversão, único tratamento possível desde que o enquadremos numa estética, e analisemos, pois, qual a forma de diversão que mais nos agrada


Y el teatro, pésele a quien le pese, es esencialmente para divertir, para entretener, si no logra este cometido es, simplemente, una producción sosa que no llega a emocionar y será olvidada no bien hayan abandonado la sala los espectadores.

Trabajos citados

Colombia Aprende.org. (s.f.). Casa de Muñecas (Henrik Ibsen). Recuperado el 07 de 10 de 2015, de Colombia Aprende.org: http://www.colombiaaprende.edu.co/html/mediateca/1607/articles-65462_archivo.pdf
elquecorrecontodos.com. (s.f). Las Enseñanzas de Don Juan: El intento. Recuperado el 07 de 10 de 2015, de http://articuloshqccll.blogspot.com/2011/03/las-ensenanzas-de-don-juan-el-intento.html
IES GALILEO.ORG. (05 de 2014). LA COMEDIA DEL ARTE. Recuperado el 07 de 10 de 2015, de iesgalileo.org: http://www.ies-galileo.com/wp-content/uploads/2014/05/Comedia-del-Arte.pdf
Lopez Nieves, L. (2015). LA VIDA ES SUEÑO DE PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA. Recuperado el 07 de 10 de 2015, de Ciudad Seva Digital: http://www.ciudadseva.com/textos/teatro/esp/calderon/la_vida_es_sueno_3.htm
Monclús, C. (07 de 2014). LAS TÉCNICAS DEL TEATRO DEL OPRIMIDO EN LA FORMACIÓN DE LOS TÉCNICOS SUPERIORES DE ANIMACIÓN SOCIOCULTURAL. Recuperado el 08 de 10 de 2015, de http://quadernsanimacio.net/ANTERIORES/veinte/index_htm_files/TASOCTOPRIMIDO.pdf
NYDISHELP. (12 de 07 de 2009). El Pelícano. (August Strindberg). Recuperado el 07 de 10 de 2015, de http://nydishnow2009.blogspot.com/2009/07/el-pelicano-august-strindberg.html
Rojas, C. (s.f.). Friedrich Nietzsche Y El Nacimiento De La Tragedia. Recuperado el 07 de 10 de 2015, de VEREDA Venezuela Red de Arte. Rev. Digital: http://vereda.ula.ve/historia_arte/?page_id=769
TEATROFICINA.COM.BR. (s.f.). Pequeño Organón Para el Teatro. Bertold Brecht. Recuperado el 08 de 10 de 2015, de http://www.teatroficina.com.br/akordes/imagiario/organo.pdf
Wikipedia.org. (2015). Edipo. Recuperado el 07 de 10 de 2015, de https://es.wikipedia.org/wiki/Edipo
Wikipedia.org. (2015). Konstantin Stanislavsky. Recuperado el 07 de 10 de 2015, de wikipedia.org: https://es.wikipedia.org/wiki/Konstant%C3%ADn_Stanislavski

[1] Personaje de “El Mercader de Venecia” original de William Shakespeare.
[2] Personaje de “Casa de Muñecas” de Enrique Ibsen.
[3] Personaje de “La Vida es Sueño” de Pedro Calderón de La Barca.
[4] “La Vida es Sueño”, 1635; identificada con el movimiento artístico conocido como Barroco. El tema central es la vida del hombre.
[5] Personaje principal de “La Vida Es Sueño”
[6] Director escénico y pedagogo teatral, nació en Moscú el 5 de enero de 1863 y murió en la misma ciudad en 1938. Fue el creador del método interpretativo Stanislavski y cofundador del Teatro del Arte de Moscú.