Monday, October 12, 2015

LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE

LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE
M.P.[1] José de Jesús Pernía Rivero
Email: montesteatral@gmail.com

RESUMEN
En virtud de haber sido invitado, como Maestro Pueblo, a compartir sus conocimientos con profesionales de la educación y con la finalidad de hacer una contribución en el proceso de desarrollo de los grupos de teatro estables en las instituciones educativas que componen el Municipio Escolar Nº 12, en jurisdicción de Cumanacoa, Municipio Montes del Estado Sucre[2], se realizó una investigación de tipo bibliográfico, que aborda la experiencia personal del autor, cuyas observaciones y praxis, que data de cuarenta años de experiencia, fueron apoyadas en algunos de los más relevantes artículos presentes en la web, a objeto de facilitar información veraz y útil a los destinatarios. Los resultados de la indagación permitieron iniciar a los docentes que se encuentran en función de Artes Escénicas en dichos centros educativos en los pininos que les conducirán a la conformación de grupos estables de teatro en sus instituciones, hecho este que obedece a un instructivo Presidencial, al cual  se pretende dar cumplimiento  a través del sistema de talleres que se encuentran en pleno proceso de ejecución al momento de culminar este escrito, mediante la incorporación de Maestros Pueblo a las aulas, como acompañantes pedagógicos de los docentes, estudiantes, padres y representantes y personal en general convocados a tales efectos.  Al comprender que es imposible abarcar tan delicado tema en las escuetas cuartillas que componen este artículo, se deja abierta la posibilidad para que los lectores puedan acrecentar los conocimientos aquí consignados, de lo cual se manifiesta agradecido el autor por adelantado.
DESCRIPTORES: Actor, Análisis. Personaje, Psicología, Teatro,

INTRODUCCIÓN
Uno de los problemas fundamentales del teatro, es la construcción del personaje. Es una inquietud que abarca a actores, directores, puestistas y, por supuesto, dramaturgos. ¿Cómo darle forma a una cosa tan etérea como un pensamiento? ¿Cómo posibilitar la concreción física de una idea? Pues esto es el personaje al principio: solamente una idea. Pero una tan fuerte y tan determinante que no deja de molestar a quienes hacen vida en el teatro, hasta que se encuentra totalmente la imaginación se concretiza y empieza a moverse en forma independiente, convertida en un ser que camina, habla, piensa, lucha, sufre…,todo por sí mismo, como si nunca hubiera pertenecido a su autor.
Este breve ensayo no pretende abarcar todas las facetas de la construcción del personaje; incluso, es posible que muchas de las formas de abordaje de ese tan delicado trabajo no hayan sido tocadas aquí. En todo caso, lo que se pretende en aproximarse un poco a la labor artesanal del actor, que requiere tiempo, dedicación, esfuerzo, concentración y mucho sacrificio. Y, particularmente, hacer una humilde  contribución a elucidar el camino para aquellos que se inician en este periplo que, seguramente, habrá de conducirlos a inmensas satisfacciones y un gran crecimiento personal.
LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE
Cuando se escribe una obra de teatro, se sigue una idea, que primero fue solo eso: un pensamiento, un chispazo en la mente del autor, luego, fue un plan preconcebido trazado cuidadosamente, hasta convertirse en un esquema estructurado de acciones, sentimientos, pensamientos, reacciones y, por último, palabras: textos teatrales que explican o contradicen la acción que el personaje realiza. Elocuciones que se usan para esconder lo que realmente se piensa o que, por el contrario, en medio de la ira, el dolor, la frustración u otros sentimientos, afloran a borbotones, denunciando el alma del personaje. Para llegar a ello, se ha pasado por un largo periplo, al cual muchos autores se  refieren como  “el proceso de la construcción) de la obra teatral”.
 A este respecto (Galán Fajardo, 2009), cuando define las etapas que acompañan el método creativo sugiere que (…) en la base de todo método de construcción narrativa encontramos tres elementos fundamentales: el personaje, la acción y el conflicto, que se entrelazan dando lugar a la estructura dramática. (…), de donde deviene que el teatro es un delicado sistema de producción de sensaciones, emociones, pensamientos y percepciones de todo tipo que se encuentra soportado sobre una tríada de fuerza: lo que quiere el personaje, lo que hace para conseguirlo y lo que se opone a su búsqueda.
Es así como para los griegos el recorrido que realizaba el personaje, desde que se propone su proyecto de vida y trata de alcanzar sus objetivos, el conocido como “peripepsia” (peripecia), nombrado así por lo accidentado de su viaje; luego, estaría el proceso de “anagnórisis”, que no es otra cosa que el reconocimiento de la inasibilidad de la vida, tal como la presenta Pirandello (Velloso, 1968) en todos sus trabajos creativos; la imposibilidad de superar las fuerzas que se le oponen, por ser superiores a él.
 El personaje se resiste, lucha, se enfrenta, desgarra sus vestiduras y deja rodar por sus mejillas las amargas lágrimas de la derrota, pero no se rinde. Y toda esta lucha en contra del Hado o los Dioses, o la Fortuna, o el Destino, se convierte en una avasallante realidad que destroza al héroe trágico, rompiéndole en pedazos sus ilusiones y despertándolo de su sueño, al mejor estilo en que el Segismundo Calderoniano (Lopez Nieves, 2015), tiene que exclamar” “…la vida es sueño, y los sueños, sueños son…”
Entonces, ¿qué son estos personajes que escenifican la trama de una obra teatral? ¿De dónde vienen? ¿Qué hacen en escena? Para responder a estas interrogantes, podría acudirse a  los estructuralistas (Galán Fajardo, 2009) quienes señalan que…

…los personajes son producto de las tramas y que su estatus es “funcional”; que son, en suma, participantes o actantes y no personajes, que es erróneo considerarlos como seres reales. La teoría narrativa, dicen, debe evitar las esencias psicológicas, los aspectos del personaje sólo pueden ser “funciones”. En definitiva, sólo quieren analizar lo que los personajes hacen en una historia, no lo que son. Es decir, “son” en relación a una medida moral o psicológica externa… (p.1)
Pero, a pesar de los estructural-funcionalistas (y he aquí una de las características del teatro: responde permanentemente a los movimientos filosóficos de su época, ya para criticarlos, ya para ensalzarlos, pero los refleja) puede verse cómo el naturalismo invadió la escena de manera permanente y decidida de la mano de Todorov y otros. Puesto que, según Todorov  (Galán Fajardo, 2009),
El término personaje abarca (…), el ámbito particular del personaje naturalista, cuya manifestación más completa la podemos encontrar en el moderno drama psicológico. Este personaje, definido en el ámbito de la sociología, poseedor de una identidad psicológica y moral similar a la de los hombres, es un efecto de persona y, como tal, se trabaja en su construcción con variables idénticamente "realistas". (p.1)

Es necesario reconocer que esta visión es la que ha permanecido hasta el presente y la representación, ya sea teatral o para los medios audiovisuales ha constituido un discurso naturalista desde el cual la actuación debe reflejar el carácter de personas reales, no fingidas. Mientras más cercana está de la realidad la actuación, mayor es el reconocimiento del actor.
Para la escuela antigua (y nueva) de la actuación, Konstantin Stanislavsky fue el mentor fundamental del proceso de construcción del personaje. Sostenía este hábil director de actores que si una persona no podía transmitir físicamente lo que su personaje tenía que representar en escena era, porque no se habían… establecido los valores internos adecuados… (Perea, 2005, pág. 14)
Y es que, en todo caso: ¿Cuáles son estos “valores internos adecuados” que reclama el maestro? En realidad no es nada simple: implica, en primer lugar, asumir al personaje como una persona de la vida real y, por lo tanto un individuo con
a)    Un contenido psicológico
b)    Una extracción social
c)    Unas características físicas particulares
d)    Unas relaciones sociales y económicas propias.

Características estas que no surgen solas: son producto de la investigación; que, según Stanislavsky (Perea, 2005) tienen su mayor contenido

…en la experiencia personal de la vida, o de la experiencia de sus amigos, \de la observación de retratos, grabados, dibujos, libros, i cuentos, novelas, o de un simple incidente... La fuente no tiene importancia. La única condición es que, mientras esté haciendo esta investigación externa no pierda su identidad personal.- (p.19)

Al analizar lo arriba descrito por el maestro de la escena, es posible comprender, de un solo golpe de vista, dos cosas: que quienes quieren que el actor se pierda en insondables caminos, guiado solamente por su intuición y sus sentimientos… ¡jamás comprendió el método de Stanislavsky! Obsérvese bien lo que señala el maestro: mirar en el exterior, aprender de lo que se ve… ¡pero no perder la originalidad, no desaparecer, no borrar la propia identidad! El actor, para construir su personaje, podrá acudir a lo que ve en su entorno, incorporar cosas que las personas hacen, manías, tics, cualesquiera otras señas particulares de seres de la vida real, o arrancadas de libros y narraciones, pero tiene que hacerlo a partir de una labor consciente, metódica, racional, no visceral.
Véase cómo, sin siquiera proponérnoslo, hemos arribado a la primera pista de cómo construir un personaje: observando a nuestro alrededor, recopilando imágenes de comportamientos, reacciones, manías, tics, deformaciones, gestos, rituales, que luego pueden convertirse en material para  dar forma a un personaje particular. Vemos también, cómo todo este proceso debe ser metódico y racional, sin ser mecánico ni exento de sentimientos. En todo momento, conservando la autenticidad, la identidad del actor.
¡MANTÉNGASE ATENTO A SU ALREDEDOR; SOLO ASÍ PODRÁ CONSTRUIR UN PERSONAJE VERAZ!
Aquí conviene recordar otra cosa: lo más importante que tiene usted que observar, es a usted mismo. No deje de estar pendiente de cómo usa sus manos, de cuál es la postura de su cuerpo, dónde se localizan las tensiones, en qué posición se encuentra más a gusto y cuál es la más incómoda. Manténgase alerta ante los tonos y matices de su voz: puede no estar utilizando su aparato fonador acorde con las necesidades del personaje,

En resumen, déjeme decirle que construir un personaje es una labor que no comienza en el escenario. Algunos actores prefieren dejar eso al libre albedrío de su imaginación y a la inspiración, para que los guíen durante su actuación. Pero, como bien sabemos, la inspiración es traicionera: unas veces puede guiarnos por el camino del éxito, otras hacia un rotundo fracaso. ¿Cómo evitar que nuestro fuero interno se convierta en nuestro peor enemigo en el escenario? Construyendo un personaje sólido, de esos que hacen experimentar sensaciones conmovedoras al público, tal como Shakespeare (Fernandez de Moratin, 1969) expresa al final del Acto Segundo de “Hamlet”:
(…) Yo he oído que tal vez asistiendo a una representación hombres muy culpables han sido heridos en el alma con tal violencia por la ilusión del teatro [3], que a vista de todos han publicado sus delitos;…(p. 76)
Cómo puede verse, la conmoción que se espera crear desde el escenario no es nueva. Ya los actores griegos utilizaban coturnos (zapatones elevados) y onkos (máscaras con la boca abovedada) para aumentar su estatura y otorgar mayor potencia y profundidad a su voz. Hoy también se pide al actor que sea capaz de remover las vísceras de su público. Hacer que salga transformado de la sala. Aunque ya, con solamente entrar, se está produciendo una metamorfosis en la persona: su contacto con el arte, especialmente con el teatro no le permite salir inmaculado.
Pero, haría falta un trabajo actoral tan convincente que pudiera como lo pide el maestro Antonin Artaud (Librodot.com, 2011), convertirse en instrumento de transformación social porque lo que se propone es…el teatro utilizado en un sentido superior y que sea el más difícil posible puede influir sobre el aspecto y la formación de las cosas;… (p. 1),  desde donde es posible proyectarse, con el maestro, hacia un mundo en el cual el teatro, abandonando toda complacencia, se convierte en un ariete que va a derribar las convenciones y atacar ferozmente toda vacuedad; el teatro, visto así, es un arma subversiva, una irrupción anarquizante dentro de la vida de los seres humanos.
Pero, cabe preguntarse ¿es que el teatro puede ser de otra forma? O, ¿Cuándo el teatro asume otra forma, no deja de ser teatro? Humildemente me atrevo a decir que sí: que cuando el artista teatral renuncia a ser la voz disidente, cuando apoltronado  y autosatisfecho, se resigna a decir lo que es agradable al oído de sus mecenas, el actor se convierte en bufón de la corte y el dramaturgo en amanuense de la corona. El teatro, para serlo, necesita tirarle una trompetilla a la sociedad en la que vive, vestirse de irreverencia y armarse de sarcasmo, tomar por asalto Las Bastillas que han construido los señores de la gleba y derribar todos los íconos. Debe ser revolucionario, pero en el sentido completo y feliz de la palabra: aquel que no soporta la injusticia, venga esta de donde venga, y es capaz de reírse, principalmente, de sí mismo, para burlarse luego de la sociedad.
Entonces, los personajes de un teatro tal como ese al cual nos asomamos arriba, tienen que ser conflictuados, volátiles, en proceso de formación, casi inasibles, próximos a lo fantasmagórico, profundamente reflexivos, tremendamente cargados de los dolores de parto de la nueva sociedad, que pugna por abrirse paso entre las carnes de esta carcasa agotada y yerta, que se aferra con uñas y dientes a los últimos días que le quedan. Son personajes trágicos, aunque su dolor nos haga reír, son seres dislocados, aunque sus textos resuenen con la lógica de este y de otros tiempos, son detritus de la historia, que se encuentra en plena construcción. Nada está completo, todo se encuentra inacabado. ¿Por qué entonces los personajes tienen que entregarse al público como caracteres fijos, estáticos, inmutables, petrificados en el tiempo?
Es necesario que mostremos no los personajes que son, sino los entes que están siendo; así: conjugados en presente continuo, en gerundio, porque eso es la vida: un eterno gerundio que se actualiza cada segundo. Un estar siendo con el cual no hay negociación alguna; la vida está pasando frente a nuestros ojos y tenemos la opción de ser espectadores o actores de excepción: Es posible que tomemos eso sí, una decisión: o quedarnos impávidos y dejar que las cosas sean por su cuenta, o pasar a la acción y ser nosotros los provocadores de los cambios. Y esos, más o menos, o menos que más, son los personajes que construyen la trama teatral: unos, que dejan “laisess faire, laisess passé”   y otros que se involucran, que asumen tareas y aceptan desafíos. Los unos serán arrastrados por los otros y las resistencias que los últimos ofrezcan a ese arrastre, serán el conflicto con el cual tendrán que pasar los personajes.
Y, hela aquí, que ya nos topamos con otra característica de los personajes: cada uno está ubicado en uno de los dos bandos: agónicos (los que persiguen una idea, tienen un fin, desean algo visceralmente) y antagónicos (los que ofrecen distintos tipos de resistencia: desde la pasividad del no hacer, hasta la presión, la manipulación, la conspiración y el asesinato). Pero, entonces, tendremos también la naturaleza del conflicto que se origina en el fuero interno del personaje, debido a su formación, su información y sus creencias; mismas que tienen su contrapartida en los demás personajes y que, irremediablemente, conducen al enfrentamiento entre los dos mundos que veía Nietzche (Nietzche, s.f.) cuando escribe “El Nacimiento de la Tragedia”.
Entonces, tenemos otra triada que construir: la del enfrentamiento de las voliciones  entre los personajes. Es necesario que esta tensión dramática se de para que ocurra el desenlace, la presión catártica que está destinada a impactar en el público, a motorizar los cambios actitudinales, a iniciar el proceso reflexivo que producirá el cambio, la metamorfosis social. Por lo menos, eso es lo que nos planteamos. Pero, como quiera que sea, esta tríada debe presenciarse sobre el escenario, para que ocurra la producción estética, para que el espectáculo tenga lugar y para que las situaciones se perciban como parte de una realidad particular: la hiperrealidad escénica, que no siempre coincide con la realidad que viven los espectadores. Si tal fuera el caso, el teatro se estaría resignando a ser una mera fotografía de la vida.
En el proceso de planteamiento de la pugna por las voliciones  que mueven a los personajes, los espectadores toman partido, establecen una relación de empatía con alguno(s) de ellos y, entonces, según avanza la trama, se dejan arrastrar a la situación mágica que crea el drama teatral y, entonces sucede la catarsis. En la antigüedad (Aristóteles, s.f.), se pedía que las tragedias despertaran compasión y terror en el espectador; debían moverlo, obligarlo a cambiar de conducta o rechazar algunas de las que veía en escena. Esto se fue perdiendo. Conforme las sociedades avanzaban y se tecnificaban, en la misma medida que las religiones fueron derivando hacia el cristianismo, se instauró en la escena una mediocridad emocional que buscaba solamente conmover y ya la catarsis que se perseguía era más bien intelectual, contenida, muy interna, coincidente con el autodominio británico y la elegancia francesa.
Con el acceso de la aristocracia y, posteriormente la burguesía, al poder, los gritos y los ataques de histeria en el teatro, quedaron reservados para el vulgo, para esa gente que asistía de pie a las funciones en el “gallinero” como quedó en llamarse el espacio libre de butacas donde podía presenciar el pueblo los espectáculos, alejados de los palcos de los señores. Solamente Antonin Artaud y, posteriormente Jerzy Grotowsky, reclamaron para el actor – y para la escena – la anarquía visceral, la iconoclastia necesarias para derribar las inmensas murallas que separan al público de sus sentimientos; petrificando el teatro, anquilosando la escena, acartonando a los actores y convirtiéndolos en meros “artistas de la representación” como los llamaba Stanislawsky. Solo que Grotowsky va más allá y reclama en el actor cierta santidad, una entrega monacal a su labor, una experimentación permanente con su cuerpo, con su alma, conducente a la construcción de personajes vivos, extremadamente vivos, descarnadamente vivos, ausentes de los artificios de la escena.
CONCLUSIÓN
Si el teatro es, como dice Grotowsky (Grotowsky, 2010)… lo que sucede entre el actor y su público… entonces es responsabilidad del primero construir personajes que, verdaderamente, se parezcan al segundo; no es posible que se siga haciendo un teatro exterior, basado solamente en el divertimento, sin que pase nada por dentro del actor, ni mucho menos en el alma del espectador. La época, el momento, reclama de una reflexión axiológica profunda y el artista debe ser uno de los provocadores de la discusión y el debate; si no, su arte es inútil, autocomplacencia, onanismo cultural. Conviene que al construir los personajes que se van a llevar a escena, se haga – primero- una revisión de los propios valores y de la actitud que se tiene ante el compromiso histórico que le toca asumir a cada artista en su época.

Bibliografía

Aristóteles. (s.f.). Poética. Recuperado el 13 de 10 de 2015, de ugr.prensa: http://www.ugr.es/~zink/pensa/Aristoteles.Poetica.pdf
Fernandez de Moratin, L. (1969). HAMLET de William Shakespeare. Madrid, España: SALVAT EDITORES. C.A.
Galán Fajardo, E. (2009). FUNDAMENTOS BÁSICOS EN LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE PARA MEDIOS AUDIOVISUALES. Recuperado el 09 de 10 de 2015, de Universidad Carlos III de Madrid, Facultad de Humanidades: http://e-archivo.uc3m.es/bitstream/handle/10016/5554/fundamentos_basicos_personaje.pdf?sequence=1
Grotowsky, J. (2010). Hacia un teatro pobre. Recuperado el 13 de 10 de 2015, de Centro Andaluz de Arte Contemporáneo: http://www.caac.es/docms/txts/grottos_txt01.pdf
Librodot.com. (02 de 2011). EL TEATRO Y SU DOBLE, ANTOINE ARTAUD. Recuperado el 09 de 10 de 2015, de LIBRODOT: http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Artaud_Antonin-El_Teatro_Y_Su_Doble.pdf
Lopez Nieves, L. (2015). LA VIDA ES SUEÑO DE PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA. Recuperado el 07 de 10 de 2015, de Ciudad Seva Digital: http://www.ciudadseva.com/textos/teatro/esp/calderon/la_vida_es_sueno_3.htm
Nietzche, F. (s.f.). El Nacimiento de la Tragedia. Recuperado el 13 de 10 de 2015, de EDU MEC: http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/N/Nietzsche%20-%20Nacimiento%20de%20la%20tragedia,%20El.pdf
Perea, F. J. (2005). Constantin Stanislavsky: La construcción del personaje. Recuperado el 09 de 10 de 2015, de apreciación.cinematográfica.com: http://apreciacion.cinematografica.jlueza.com/creac_person_01-49_caracteriz_formas_tipos.pdf
Velloso, J. M. (1968). Pirandello: Teatro. (S. T.G. Ediciones Castilla, Ed.) Madrid, España: GUADARRAMA.








[1] Maestro Pueblo. Director del Laboratorio Permanente del Formación del Actor y del Grupo de Teatro “César Rengifo”; asesor para docentes en función de teatro (ad litem) a través del Municipio Escolar Nº 12. Cumanacoa, Estado Sucre, Venezuela. Miembro de la Fundación Red Nacional de Teatro y Circo. Inscrito en el Sistema Nacional de Culturas Populares (Nº  809).
[2] Venezuela
[3] Subrayado nuestro

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