Probablemente, mientras se escriben estas líneas, el sistema
educativo venezolano continúa inmerso, de manera febril, en una gran Consulta
Pedagógica (2014) que debería arrojar las fortalezas, debilidades,
oportunidades y amenazas que confronta la educación de las nuevas generaciones,
en concordancia con todo el ordenamiento legal vigente y ante la inocultable
necesidad de realizar una revisión acerca de los verdaderos resultados e
impactos de la inversión que el Estado venezolano ha realizado, hasta el
presente, en el sector educación. Ocurre que, si bien es cierto que son muy
acertadas algunas posiciones asumidas en este contexto, casi todas las
afirmaciones se dirigen hacia problemáticas de infraestructura, pero el
verdadero baremo de la calidad educativa no se encuentra en los locales: de
todas maneras, la educación no es una edificación, sino un espacio conceptual
en el cual unas personas se encargan de discutir con otras acerca de una
cantidad de tópicos a través de los cuales ocurre el enriquecimiento del acervo
cultural de ambos: discente y docente. En ese orden de ideas, una consulta
nacional sobre la calidad educativa, es una oportunidad dorada de iniciar una
profunda reflexión sobre la praxis pedagógica, con vistas a los resultados
objetivos: jóvenes incapaces de interpretar adecuadamente una lectura, con
severas dificultades en habilidades y destrezas matemáticas y, peor aún,
inadecuadamente formados para la vida, puesto que no poseen calificación
laboral alguna. Jóvenes que luego de graduarse de bachilleres, tendrán que
esperar un quinquenio (por lo menos) para tener la formación para el
trabajo y, entonces, iniciar un tortuoso
camino hacia una colocación en el mercado laboral. En efecto: la nación ha
tenido que invertir en cursos propedéuticos, para superar las insuficiencias
evidentes en la formación de los egresados de educación media superior (CARDONA,
2010) ,
que se encuentran con insalvables obstáculos cuando de resolver operaciones
matemáticas, algebraicas y trigonométricas se trata: no vienen dominando esos
contenidos. Otro tanto, ocurre con las habilidades de lecto escritura: los
estudiantes saben decodificar grafemas, pero no saben interpretar los
contenidos de los mismos; no tienen la habilidad, no están “entrenados” para
ello. Los resultados de estas insuficiencias formativas son devastadores: la
calidad de los egresados implica una revisión de los programas y la utilización
de una buena cantidad de horas/trabajo/hombre para superar la brecha entre los
conocimientos que portan los estudiantes y el perfil exigido en el nivel de
educación universitaria en cuanto al dominio y destrezas matemáticas y
lectoescritoras. Sería interesante tratar de descubrir si en esas inequidades e
insuficiencias se encuentra el numen de la acción discriminatoria del sistema
de educación universitaria, que persiste a pesar del discurso incluyente que
comporta la asunción de una visión humanista/marxista de la educación, puesto
que la pendiente de la deserción escolar a estos niveles no solo no ha
recedido, sino que se ha incrementado (CARDONA, 2010; FARIAS & BENCOMO, 2014) , a pesar de las
becas y de la política de inclusión y de aproximación de los centros
pedagógicos a los ciudadanos, que ha desarrollado el gobierno bolivariano desde
sus inicios y hasta el presente. Es innegable la titánica labor de crear
misiones educativas que propenden a la superación de la brecha entre aquellos
que tienen el reconocimiento oficial de sus aprendizajes y aquellos que carecen
de titularidad. Son ingentes esfuerzos que han venido desde la educación
primaria (Misión Robinson I; Misión Róbinson II) hasta la universitaria
(Universidad Bolivariana de Venezuela, Misión Sucre, Misión Cultura,
Universidad Nacional Para las Artes, Universidad Nacional de la Seguridad,
otros), sin embargo, siguen sin superarse las insuficiencias antes descritas en
el nivel medio superior, lo cual hace inferir severas deficiencias en la
calidad formativa en el nivel inmediatamente superior. Desde esta perspectiva,
emerge la necesidad de generar una propuesta alternativa ante una educación que
no está preparando para la vida, tal como lo pidiera Simón Rodríguez y que hoy
sustentan otros pedagogos, partiendo también de señalamientos como el de la
UNICEF (2014) en torno a la necesidad de
formar a los jóvenes en… un amplio conjunto de aptitudes psicosociales e
interpersonales que pueden ayudar (…) a tomar decisiones informadas,… de donde
se infiere que formar para la vida supera, también, la formación para el
trabajo y se inserta en una visión transcompleja de la educación que implica
una visión de un hombre nuevo, más consustanciado con el entorno y las
habilidades y destrezas necesarias para incorporarse eficientemente a él. La
educación venezolana, no obstante el inmenso despliegue económico y la
inversión masiva de recursos que ha realizado el gobierno bolivariano, sigue
sin poder impulsar el desarrollo local, toda vez que no ha logrado
contextualizar su acción y apoyar a los niños, niñas y adolescentes para que
puedan incorporarse productiva y efectivamente a su entorno social. Pero,
además de eso, ha ido renunciando a la formación de los y las jóvenes para
producir, para trabajar, para ser independientes y generar cambios cualitativos
en su vida personal y su entorno. Saber, conocer, convivir, compartir ese
conocimiento y ser capaz de transformar todo aquello que aprende para que su
vida y su entorno se transformen para bien, en el marco de acciones
ecológicamente responsivas. Ahora bien, esa educación que parece seguir
enmascarando el apetito protoburgués de formación de una mano de obra
calificada para que vaya a engrosar las largas filas de desocupados,
manipulables, alienados y depauperados, a los cuales ofrecerles un mendrugo de
pan a cambio de su libertad, no merece seguir siendo la educación de una nación
que tiene como norte una revolución socialista de avanzada, con los
presupuestos intelectuales del Siglo XXI, alimentada por el mejor pensamiento
marxista. Desde aquí, se propone, de la manera más humilde, una verdadera
transformación educativa: que cada niño, niña o adolescente obtenga, juntamente
con las habilidades lectoescritoras y el dominio de las operaciones aritméticas
básicas, un conocimiento amplio de la lengua, una capacidad expresiva adecuada,
un amplio rango de conocimientos de cultura general, una moral fortalecida con
los mejores y más sólidos valores altruistas y, adicionalmente, la formación en
una o más habilidades productivas, que él o ella hayan escogido libremente:
carpintería, ebanistería, talabartería, albañilería, diseño, operación y
programación de computadoras, robótica, electrónica, refrigeración, estilismo,
teatro, danza o cualquiera que sea el camino que escoja. Para ello, sería
necesario acortar la primaria (a 5 años)
y alargar la educación media (a 6 años)
todas las escuelas estarían egresando Técnicos Medios Profesionales, con el
aditivo que se les estaría formando en Administración, Gerencia, Uso de Medios
Electrónicos y Páginas Web para la publicidad y la información, en forma tal
que todos, absolutamente todos, manejen herramientas que les permitan cotizar
universalmente sus habilidades y destrezas: el trabajo sin fronteras. Aquí,
entonces, surgirá como es seguro, una dificultad: ¿De dónde va a sacar el
Estado Venezolano para equipar a todas las instituciones educativas del país
con talleres suficientes para que esto se haga realidad? Es bien sencillo: la
empresa privada ya tiene suficientes talleres instalados para acoger, en sus espacios,
a todos los niños, niñas y adolescentes aprendices; los artistas tienen sus
espacios creativos: salas de teatro, talleres de pintura. Los artesanos
también, tanto como el campesino, el avicultor, el ganadero. Es decir, se
propone una amplia cooperación Estado/Sociedad Civil, para recuperar – y
multiplicar exponencialmente – la capacidad productiva de la nación en un lapso
no mayor de 11 años (lo que tardaría en cumplir el ciclo completo un niño que
iniciara hoy en primer grado), con tan solo convertir en maestros a los que ya
tienen la experiencia laboral; el docente, que tiene el componente científico y
empírico de la enseñanza, apoyará con teorías, aclaratorias, ordenando los
procesos, evaluando resultados, y así sucesivamente. En este contexto, se
propone entonces la creación de los ESCENARIOS PEDAGÓGICOS LOCALES PERTINENTES:
fábricas, panaderías, talleres de costura, alfarerías, luterías, talleres de
orfebrería, hoteles, restaurantes, empresas de construcción, salas de internet,
se convertirían en aulas, bajo la conducción de los docentes y de los
practicantes de tales oficios que, juntos, permitirían que el estudiante
experimentara empíricamente la labor que más le gusta y pudiera encontrar, en
el docente, una forma ordenada de comprender las nociones teóricas que el
estudiante encuentre necesario consultar. Es posible que, para algunos
“ortodoxos pedagógicos” esta propuesta suene como “traída de los pelos” pero,
por más yuxtapuesta que pueda resultar a primera vista, es seguro que en alguna
parte del mundo ya se está ensayando con éxito. Lo único, es que aunque por
estos rumbos hace tiempo que se viene mascullando, casi a soto voce, la
necesidad de darle un vuelco a la educación venezolana, hasta ahora no había
sido posible ponerlo en blanco y negro y, mucho menos, darle publicidad al
pensamiento. No obstante, esto es solo un papel para la discusión: ábrase el
debate, que en ese territorio es donde ocurre el acto creador y se hace
presente la genialidad transformadora.
José Pernia[i]
Trabajos citados
CARDONA,
L. (29 de 04 de 2010). Deserción universitaria se debe a falta de
identificación con la carrera. El Nacional. En
http://reporte-ando.blogspot.com/2010/05/desercion-universitaria-se-debe-falta.html
, pág. 1.
FARIAS, L., & BENCOMO, D. (2014). GESTIÓN UNIVERSITARIA Y LA
DESERCIÓN ESTUDIANTIL CASO UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL DE GUAYANA
VENEZUELA . Obtenido de CLABES:
http://www.alfaguia.org/www-alfa/images/ponencias/clabesIII/LT_3/ponencia_completa_52.pdf
UNICEF. (2014). Educación Básica e igualdad para todos. Recuperado
el 23 de 05 de 2014, de UNICEF:
http://www.unicef.org/spanish/education/index_focus_lifeskills.html
[i]
José Pernia es fundador de la Asociación del Teatro Popular Venezolano y
miembro del Sindicato de Profesionales del Teatro, Cines y Afines del Distrito
Capital (Nº 11357) actor, director de
teatro, promotor social, asesor teatral para el Municipio Escolar Nº 12:
Cumanacoa, Estado Sucre.

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